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Harold N. Fisk & Pruned Fisk, 1944. Map of ancient courses of the Mississippi River, Cape Girardeau, MO - Donaldsonville, LA. Plate 22-10. Fisk, 1944. Map of ancient courses of the Mississippi River, Cape Girardeau, MO - Donaldsonville, LA. Plate 22-6 Fisk, 1944. Map of ancient courses of the Mississippi River, Cape Girardeau, MO - Donaldsonville, LA. Plate 22-9 Fisk, 1944. Map of ancient courses of the Mississippi River, Cape Girardeau, MO - Donaldsonville, LA. Plate 22-8

Mapa de los antiguos meandros del río Mississippi, sacado de un estudio de Harold N Fisk de 1944, incluido en el artículo Mississippi Floods : Designing a Shifting Landscape de Mathur and Da Cunha. Desde el blog Pruned (muy recomendable para momentos de ociosidad) han hecho un montaje magnífico con varias de las planchas que podéis ver a la izquierda (click para ampliar).

Pero lo mejor de todo es que el estudio de Fisk puede consultarse completo en internet, con todas las planchas en alta definición, y perdiéndote en él te encuentras con auténticas joyas de la comprensión del paisaje como un universo cambiante y complejo: maravillosa narración del Mississippi.

Julio Cortázar, protagonista/jugador del anterior post-persecución, tradujo los relatos de uno de los maestros del relato del siglo XIX, el norteamericano Edgar Allan Poe. El relato El Hombre de la Multitud de 1840 es una pieza clave en la comprensión de la ciudad tal y como hoy la conocemos: sus masas/multitudes, la consecuente condición anónima, la fascinación por lo infinito de sus movimientos.

Después de varios meses de enfermedad, me sentía convaleciente y con el retorno de mis fuerzas, notaba esa agradable disposición que es el reverso exacto del ennui; disposición llena de apetencia, en la que se desvanecen los vapores de la visión interior y el intelecto electrizado sobrepasa su nivel cotidiano… El solo hecho de respirar era un goce, e incluso de muchas fuentes legítimas del dolor extraía yo un placer. Sentía un interés sereno, pero inquisitivo, hacia todo lo que me rodeaba.

Los extraños efectos de la luz me obligaron a examinar individualmente las caras de la gente y, aunque la rapidez con que aquel mundo pasaba delante de la ventana me impedía lanzar más de una ojeada a cada rostro, me pareció que, en mi singular disposición de ánimo, era capaz de leer la historia de muchos años en el breve intervalo de una mirada.

En ese estado de sobreexcitación de la mirada/percepción en la que cualquier cosa cobra sentido,  la observación minuciosa pero estática, en la que el único movimiento es el de la multitud que se dibuja y mueve detrás de las ventanas, da paso, gracias a un rostro y la “singularidad de su expresión“, al movimiento obligado. Desde ese instante es el extraño el que va a dirigir la observación.

«¡Qué extraordinaria historia está escrita en ese pecho!», me dije. Nacía en mí un ardiente deseo de no perder de vista a aquel hombre, de saber más sobre él. Poniéndome rápidamente el abrigo y tomando sombrero y bastón, salí a la calle y me abrí paso entre la multitud en la dirección que le había visto tomar, pues ya había desaparecido. Después de algunas dificultades terminé por verlo otra vez; acercándome, lo seguí de cerca, aunque cautelosamente, a fin de no llamar su atención.

Es la promesa de resolver un misterio, la que impulsa el movimiento, es la historia que esconde el desconocido en su caminar y hacer en la ciudad el que tira del perseguidor, que se ve arrastrado sin remedio…

A continuación tenéis el relato completo, acción recomendada: Ctrl+P


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